8 de noviembre de 2011

Un cuento roto






Mamá llegó un dia de trabajar con un montón de libros llenos de dibujos de muchos colores. Libros con tapas rígidas y letras grandes y redondas. Eran cuentos. No eran nuevos, estaban incompletos muchos de ellos. A algunos les faltaba alguna tapa y a otros algunas hojas. Los trajo de la casa dónde limpiaba porqué los iban a tirar.
Cogí el más grande de todos. Recuerdo que olía a una mezcla extraña entre cera y perfume intenso. Miré aquellos dibujos tan perfectos de conejos con gafas, niñas rubias y cartas con brazos. Me encantaba. Comencé a leer torpemente. No podía parar. Nunca tuve un libro como aquel. Estaba encantada.
Los ojos del gato que ahora está y ahora no... El hermoso paisaje: un jardín imposible con flores tan vivas. Todo me transportaba a un mundo mágico. 
Yo quería ir para quedarme.
Mis padres discutían mientras mi madre ponía la mesa con un proceder malhumorado y nervioso . Cada vez gritaban más y hacian más escándalo.
Yo paseaba por mi jardín imaginario. Miraba el cielo de algodón y me sentía limpia y perfumada.
De repente  dejé de oir  a mis padres. El silencio apareció a mi alrededor. No fue lo único que apareció. Me encontré sentada sobre hierba fresca y abundante.
Las flores del libro eran reales y el cielo estaba sobre mi cabeza. Me incorporé y empecé a andar por un sendero lleno de piedrecillas que se estrechaba en el horizonte.
No podía ser verdad. Estaba en mi cuento. Mis ropas se habían transformado. Y yo misma era una niña rubia de pelo largo y lacio. Era muy guapa. Lo ví en una espejo que apareció delante de mí por arte de magia.
Llegué a un parque dónde había más niñas y niños. Todos jugaban felices. Todos eran diferentes. Tenian pieles y cabellos distintos.
Me llamaban para que fuera a jugar. Corrí y corrí para reunirme con ellos. Entonces tropecé y caí por un enorme agujero negro como la niña del cuento.
Cuando desperté mi madre me cogía de la mano y lloraba. Yo no podía hablar. Un tubo enorme me traspasaba el aliento y la cabeza me dolía mucho.
Detrás de ella había un hombre con un uniforme marrón que le pidió que le acompañara.
Nunca supe como acababa el cuento. Las ultimas páginas estaban arrancadas. Tampoco supe porqué nunca volví a ver a mis padres.               
Colibrí
Febrero de 2010

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